Cómo trasmitir quién es Omar Martínez sin estadísticas y en un límite de caracteres es difícil, cómo reflejar una charla interminable frente a un hombre simple, humilde e incapaz de rozar la palabra ego es aún más utópico, cómo decir qué significa el “Gurí”, si ni él sabe cómo hacerlo.
“Uh, pienso que soy una persona más en el mundo, pero hay momentos en los que te sentís diferente porque así te lo hace sentir la gente con el afecto y cariño, yo no se cómo explicar la dimensión que tiene eso y tampoco se explicar qué significa lo que uno ha hecho en el automovilismo, la pucha va a ser difícil esta nota”.
Entre risas muestra su nerviosismo y timidez porque descubre que no se va a hablar solo de automovilismo y es que es el “Gurí”, nada más y nada menos, ese tipo ídolo y sinónimo de Ford el que sonriendo siempre, se pone a pensar si nació para ser quién es o si él torció su propio destino.
“Nunca me he preparado ni creo que esté preparado para ser el Gurí Martínez. El Turismo Carretera me ha ido enseñando cosas, cosas que pasan en la vida, golpes, alegrías, de todo, el automovilismo ha sido gran parte de mi vida y ha pasado rapidísimo como pasa con todo”.
La inquietud aumenta en el piloto de Entre Ríos, quien en toda la nota no soltó dos pulseras de goma que seguramente respiraron una vez que el “Gurí” las dejó tras moverlas, retorcerlas y pasarlas de mano a mano cuando cada pregunta tomaba su curso.
“¿Mi mayor rival y que no sea una persona?, me tendría que haber preparado para esta nota, creo que lograr ser regular, mi rival ha sido el estar tranquilo, el poder diagramar, porque siempre fui atado de las manos en cuanto a los recursos que uno podía tener para correr, siempre fue el no bajar los brazos”.
Simpatía constante es la que caracteriza a ese “Gurí” que mantiene la inocencia, trasparencia y pasión en sus ojos, el que demuestra con cada palabra que esos autos inanimados los son todo en su vida, el que siente que cumplió sus sueños, sus objetivos y que nada cambiaría.
“Cumplí lo que quería, por supuesto uno sigue soñando, pero qué más puedo pedir después de haberlo intentado durante tanto tiempo como se intentó y tener un campeonato, cuatro subcampeonatos seguidos, sin duda que logré lo que quería. Las cosas que mas cuestan obviamente son las que más quedan grabadas, pero todo tiene su costo y por ahí uno siempre ha soñado estar con lo mejor y no se ha podido dar y hubo que arreglarse con lo que había, pero funcionó”.
Con una risa alegre y orgullosa remarca el hecho de que todo funcionó y se acentúa al recordar quién era él antes de subirse a un auto.
“Vivía en el campo, en una familia que no faltaba nada, pero tampoco sobraban cosas, la escuela me quedaba a 12 km de donde vivía y en el tercer año pude ir en una moto que me compró mi viejo, sino tenía que ir a dedo o en colectivo. He hecho de todo, en un momento fui mozo, porque mi viejo hizo de todo, fue agricultor, tuvimos un tambo y cuando yo tenía 19 puso un restaurante como medio de vida. Todo lo que he logrado lo logré por el apoyo de mucha gente, la familia y la compañía de mi señora que fue fundamental, por ejemplo, en el ‘92 me fui a vivir a Paraná con Patricia, vivimos tres meses en un colectivo que tenía para ir a las carreras, hasta que pudimos alquilar el primer departamento un 28 de diciembre, me acuerdo la fecha porque empezamos el año sin luz”.
Los caracteres que quedan son pocos y aún hay tanto por decir, por describir, como ser la presencia de Pau y Agus, sus hijos, la tele encendida con los dibujitos, el aire familiar que se respira en la casilla y el saber cómo es él como padre.
“Trato de estar en todos los momentos y cuando hay que tomar una decisión es la madre la que la toma, porque a mi me dan vuelta, pasa tan rápido el tiempo, ayer eran unos bebes y de golpe son adolescentes y a uno no le cae la ficha, es terrible eso y con la nena me cuesta muchísimo, menos mal que está la mamá que es la que trata de poner los límites, al principio era el papá el que actuaba si se enteraba de las cosas, pero crecieron rápido y se dieron cuenta, ya me conocen cómo soy y me pueden”.
Ver para creer, y es que las miradas cómplices con sus hijos en el mismo instante que describía la relación confirmaban lo que decía, el papá más débil ante sus bebes.
Del hombre luchador a la pasión por los fierros y el orgullo de ser padre, así fue el ida y vuelta con el “Gurí” Martínez, quien pensativo y reflexivo intenta responder cuándo se termina el automovilismo como piloto.
“No sabría decir cuándo hay que bajarse del auto, hace dos años la vista me estaba complicando y con la operación volví a vivir, creo que uno puede intentarlo, trato de ser competitivo y sigo corriendo porque entiendo que puedo pelear y cuando me siento en el auto y voy a largar me transpiran las manos como la primera vez, hasta que el semáforo está en verde es el peor momento, desde que salis hasta que se larga, después pasa todo, esa sensación la sigo teniendo, es difícil imaginar mi vida sin el automovilismo”.
Así como él no sabe cuándo hay que bajarse del auto, quien escribe no sabe cuándo ponerle fin a esta nota, los caracteres por supuesto sobrepasaron sus límites, porque el “Gurí” no tiene límites, porque luchó por lo que quería y no aceptó paredes, porque es simple, es un titán, un gladiador, como dice él: “una persona que empezó a correr por diversión y que pensó que iba a terminar en una carrera zonal y nunca imaginó este presente. Alguien a quien le costó muchísimo. No sé porqué se dieron las cosas y seguí y creo que luché por hacer lo que quería, eran sueños imposibles, fui un iluminado, tuve suerte, si alguien pudiese explicar mi vida hace un lío”.

Cómo trasmitir quién es Omar Martínez sin estadísticas y en un límite de caracteres es difícil, cómo reflejar una charla interminable frente a un hombre simple, humilde e incapaz de rozar la palabra ego es aún más utópico, cómo decir qué significa el “Gurí”, si ni él sabe cómo hacerlo.
“Uh, pienso que soy una persona más en el mundo, pero hay momentos en los que te sentís diferente porque así te lo hace sentir la gente con el afecto y cariño, yo no se cómo explicar la dimensión que tiene eso y tampoco se explicar qué significa lo que uno ha hecho en el automovilismo, la pucha va a ser difícil esta nota”.
Entre risas muestra su nerviosismo y timidez porque descubre que no se va a hablar solo de automovilismo y es que es el “Gurí”, nada más y nada menos, ese tipo ídolo y sinónimo de Ford el que sonriendo siempre, se pone a pensar si nació para ser quién es o si él torció su propio destino.
“Nunca me he preparado ni creo que esté preparado para ser el Gurí Martínez. El Turismo Carretera me ha ido enseñando cosas, cosas que pasan en la vida, golpes, alegrías, de todo, el automovilismo ha sido gran parte de mi vida y ha pasado rapidísimo como pasa con todo”.
La inquietud aumenta en el piloto de Entre Ríos, quien en toda la nota no soltó dos pulseras de goma que seguramente respiraron una vez que el “Gurí” las dejó tras moverlas, retorcerlas y pasarlas de mano a mano cuando cada pregunta tomaba su curso.
“¿Mi mayor rival y que no sea una persona?, me tendría que haber preparado para esta nota, creo que lograr ser regular, mi rival ha sido el estar tranquilo, el poder diagramar, porque siempre fui atado de las manos en cuanto a los recursos que uno podía tener para correr, siempre fue el no bajar los brazos”.
Simpatía constante es la que caracteriza a ese “Gurí” que mantiene la inocencia, trasparencia y pasión en sus ojos, el que demuestra con cada palabra que esos autos inanimados los son todo en su vida, el que siente que cumplió sus sueños, sus objetivos y que nada cambiaría.
“Cumplí lo que quería, por supuesto uno sigue soñando, pero qué más puedo pedir después de haberlo intentado durante tanto tiempo como se intentó y tener un campeonato, cuatro subcampeonatos seguidos, sin duda que logré lo que quería. Las cosas que mas cuestan obviamente son las que más quedan grabadas, pero todo tiene su costo y por ahí uno siempre ha soñado estar con lo mejor y no se ha podido dar y hubo que arreglarse con lo que había, pero funcionó”.
Con una risa alegre y orgullosa remarca el hecho de que todo funcionó y se acentúa al recordar quién era él antes de subirse a un auto.
“Vivía en el campo, en una familia que no faltaba nada, pero tampoco sobraban cosas, la escuela me quedaba a 12 km de donde vivía y en el tercer año pude ir en una moto que me compró mi viejo, sino tenía que ir a dedo o en colectivo. He hecho de todo, en un momento fui mozo, porque mi viejo hizo de todo, fue agricultor, tuvimos un tambo y cuando yo tenía 19 puso un restaurante como medio de vida. Todo lo que he logrado lo logré por el apoyo de mucha gente, la familia y la compañía de mi señora que fue fundamental, por ejemplo, en el ‘92 me fui a vivir a Paraná con Patricia, vivimos tres meses en un colectivo que tenía para ir a las carreras, hasta que pudimos alquilar el primer departamento un 28 de diciembre, me acuerdo la fecha porque empezamos el año sin luz”.
Los caracteres que quedan son pocos y aún hay tanto por decir, por describir, como ser la presencia de Pau y Agus, sus hijos, la tele encendida con los dibujitos, el aire familiar que se respira en la casilla y el saber cómo es él como padre.
“Trato de estar en todos los momentos y cuando hay que tomar una decisión es la madre la que la toma, porque a mi me dan vuelta, pasa tan rápido el tiempo, ayer eran unos bebes y de golpe son adolescentes y a uno no le cae la ficha, es terrible eso y con la nena me cuesta muchísimo, menos mal que está la mamá que es la que trata de poner los límites, al principio era el papá el que actuaba si se enteraba de las cosas, pero crecieron rápido y se dieron cuenta, ya me conocen cómo soy y me pueden”.
Ver para creer, y es que las miradas cómplices con sus hijos en el mismo instante que describía la relación confirmaban lo que decía, el papá más débil ante sus bebes.
Del hombre luchador a la pasión por los fierros y el orgullo de ser padre, así fue el ida y vuelta con el “Gurí” Martínez, quien pensativo y reflexivo intenta responder cuándo se termina el automovilismo como piloto.
“No sabría decir cuándo hay que bajarse del auto, hace dos años la vista me estaba complicando y con la operación volví a vivir, creo que uno puede intentarlo, trato de ser competitivo y sigo corriendo porque entiendo que puedo pelear y cuando me siento en el auto y voy a largar me transpiran las manos como la primera vez, hasta que el semáforo está en verde es el peor momento, desde que salis hasta que se larga, después pasa todo, esa sensación la sigo teniendo, es difícil imaginar mi vida sin el automovilismo”.
Así como él no sabe cuándo hay que bajarse del auto, quien escribe no sabe cuándo ponerle fin a esta nota, los caracteres por supuesto sobrepasaron sus límites, porque el “Gurí” no tiene límites, porque luchó por lo que quería y no aceptó paredes, porque es simple, es un titán, un gladiador, como dice él: “una persona que empezó a correr por diversión y que pensó que iba a terminar en una carrera zonal y nunca imaginó este presente. Alguien a quien le costó muchísimo. No sé porqué se dieron las cosas y seguí y creo que luché por hacer lo que quería, eran sueños imposibles, fui un iluminado, tuve suerte, si alguien pudiese explicar mi vida hace un lío”.



