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El Turismo Carretera dejó su marca en Junín

La categoría demostró que mantiene vivo su fuego sagrado tras su paso por Junín, con más de 35.000 almas que invadieron el predio del Auto Moto Club para sumarse a la gran fiesta del automovilismo argentino.

Diario Democracia · 11/03/2014TC


Más de 35.000 personas habían entrado hasta ayer a media tarde al “Eusebio Marcilla” para presenciar el mayor espectáculo automovilístico a nivel nacional. Vivencias, anécdotas, color y todo el submundo característico de cada carrera. Esta nota fue realizada por Democracia con la gente en el lugar.



En Junín hubo otra ciudad. Al compás de una pasión que parece resistente a cualquier crisis, gente de todo el país se mudó hasta el Autódromo “Eusebio Marcilla” y se afincó allí con abundante equipaje para no perderse la tercera fecha del Turismo Carretera.

El lugar empezó a poblarse el lunes, con el armado de los primeros stand de merchandising (gorras, calcomanías, remeras y banderas, entre otros artículos), y entre el miércoles y domingo recibió el flujo más intenso de visitantes, una interminable caravana de camionetas, camiones, autos y motorhomes que, ya ubicada en el predio perimetral del circuito, dio forma a una comunidad superior en cantidad a la de muchas localidades con cierto renombre.


La “Ciudad” por dentro

Si hay algo que distingue al ambiente del automovilismo es la gran camaradería que se teje entre personas que quizás ni se conocen, que tal vez son antagónicos tanto en lugar de origen como en preferencia por alguna marca y que no dudan en compartir un asado, el vino y hasta convidarse el sagrado Fernet.

Es lo que unió a un par de muchachos de Pacheco, en el partido de Tigre, con una ruidosa banda de Chañar Ladeado (provincia de Santa Fe). “Nosotros llegamos el jueves y los porteñitos vinieron ayer. Son buenos pibes, ya somos como hermanos”, relató entusiasmado “El Gringo” Fabián.

A pocos metros, Walter probaba el filo de un cuchillo en el cuerpo de un salamín que en la previa del mediodía cotizaba en oro y hablaba de su llegada desde Roque Pérez junto a Juan Torres, un ultramaratonista que, cuando puede, lo acompaña en sus excursiones por todos los escenarios que reciben a la “Máxima”, el adjetivo que describe y sintetiza a la categoría.

“Este viajecito nos dio un respiro porque Junín no queda tan lejos, pero el resto del año se suele hacer cuesta arriba. Igual, no importa, donde vaya el TC ahí estamos nosotros”, comentó Walter.

Pegado al alambre, cronómetro en mano para controlar el tiempo de Guillermo Ortelli, el jefe de una familia procedente de la santafesina localidad de María Teresa se lamenta. “Me parece que este fin de semana ‘El guille’ no va andar ni para atrás’”. Sonriente, su esposa le pide que se siente en la mesita armada al lado de la carpa y junto a sus hijos se prestan a la foto requerida por Democracia.


Una acción que parece haberse vuelto hábito en las competencias de Turismo Carretera es la atribución que se toman los dueños de las carpas y casillas, cuando encuentran un sitio desde donde divisar la prueba, de restringir el paso por “su” sector. ¿Cómo lo hacen? Una vez armada la estructura en la que descansarán, colocan sogas o cintas en derredor de las pequeñas parcelas utilizadas por ellos para que nadie se atreva a usurparles el espacio.

Más allá de la lluvia de domingo, todos los fanáticos de la máxima disfrutaron de un gran fin de semana y mantienen intacta la pasión por el Turismo Carretera.

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