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Entre ilusiones y expectativas

Christian Ledesma muestra el hambre de siempre para afrontar la temporada en TC:“Seguir siendo protagonista es el objetivo”, cuenta. A solas con El Atlántico, el piloto marplatense desmenuza su pasado y futuro en la máxima.

Diario El Atlántico · 09/02/2011TC


TC: ARRANCA UNA NUEVA ETAPA

-Finalmente recalaste en el Tango Competición de Marcos Ligato. ¿Cuál es el objetivo que te planteás para este año?

-La idea es la misma de siempre: tener un equipo como la gente y poder andar adelante.

-Ahora, ¿están dadas las condiciones para pelear el campeonato?

-Y… en teoría, sí. Yo vi cómo trabajan los chicos. Pero bueno, después pueden surgir un montón de cosas. Hay que ver cómo responden cuando las papas queman. De mi parte, una de las condiciones que más influyó para que cambiara al Tango fue la presencia de los hermanos Diego y Mario Bruna (NdeR: responsables técnicos del equipo), dos tipos muy capaces.

Por ahí pasó principalmente la decisión. Acá la idea es buscar al técnico que sea capaz. Podrán salir las cosas bien o de la manera que uno no quiere, pero es lo que se busca. De hecho, yo fui al JP cuando estaba (Guillermo) Kissling y ahí, supuestamente, íbamos a pelear el campeonato. Y lo mismo pasó cuando llegó (Alberto) Canapino. Pero en ninguno de los dos casos se dio.

-Personalmente, ¿soportarías otro torneo sin pelear hasta el final?

-Y, hay que soportar. Porque no hay alternativas. Uno tiene que hacer las cosas bien y después, si no se dan, no es problema nuestro, más allá de que pueda llegar a molestar. En mi caso, cuando hago el análisis final termino diciendo “bueno, yo hice las cosas bien”. Pero claro, me quedo con esa bronca de no haber podido pelear el campeonato hasta el final. En definitiva, es normal. No es que si no peleás el campeonato es la muerte.

Obviamente que tenés que ser protagonista. Todos queremos lo mismo, por eso terminamos algo molestos. Acá la intención es ganar el campeonato, no estar entre los cinco. El objetivo es ése y hay que tratar de hacer las cosas bien para poder plasmarlo. Ojo, cada vez se va a tornar más difícil, porque está muy raro el TC.

Pasan cosas que nadie entiende. No cosas buscadas, hablando en el buen sentido. Por ejemplo, a veces terminás de clasificar en una tanda. Después, la siguiente se demora diez minutos porque un auto se enterró en la leca o cualquier cosa de esas; cambió un poquito la dirección del viento, bajó tres grados la temperatura y del otro grupo se terminan metiendo todos adelante. Y capaz que pasás de cuarto o quinto en tu tanda al puesto veinte.

Es increíble… El año pasado sucedió un montón de veces. Podés quedar 15º a sólo cinco o seis décimas. Eso es lo que tiene el TC. Además, están apareciendo un montón de chicos nuevos que van bien, que tienen los autos. (Agustín) Canapino, un piloto que nunca fue contundente hasta último momento, ganó la carrera que tenía que ganar.

-¿Por qué terminaste recalando en el Tango?

-Con Ligato se dio una conversación medio de casualidad. “Tito” (José Luís Lingeri), que se estaba retirando, me quería dejar todo acomodado y llegó a plantearme qué podíamos hacer. Ahí le comenté que la gente del Tango se quería juntar conmigo y bueno, después se fue dando. Yo me reuní primero y Lingeri después.

-Sin embargo, la llegada al nuevo equipo tambaleó a menos de una semana de anunciar el acuerdo…

-Sí, porque surgieron unos contratiempos internos. Estaba todo arreglado de palabra, pero Lingeri se juntó con Ligato y se terminó enojando. De hecho, el sábado previo a la última carrera de Buenos Aires se dio todo de baja. Y se empezaron a buscar alternativas.

En realidad, fue algo que tomó estado público. Al final se terminó volviendo a la normalidad, pero podría haber pasado de quedarme con (Walter) Alifraco, por ejemplo. O con Kissling, que era otra de las alternativas. En definitiva, lo del Tango fue una negociación de tres o cuatro días que tomó estado público y desembocó en un par de diferencias. Al cabo de cuatro o cinco días después de la última carrera, terminaron de arreglar.

-Del JP Racing, donde estuviste poco más de un año y medio compartiendo estructura en el TC, ¿qué te llevaste?

-De los chicos no me quedó nadie. Y sinceramente me va a costar estar sin ellos. La separación dolió bastante. Los chicos que trabajaron en mi auto nos venían acompañando desde hace diez años. Uno, Gustavo Amodeo, que era el encargado de la Chevy, se retiró. Y los otros se quedaron en el equipo. Nos plantearon qué íbamos a hacer, porque se querían quedar conmigo. Les dije que yo en el JP iba a seguir sólo en TC 2000, que si querían quedarse conmigo iban a tener que trabajar en esa categoría. Y bueno, les hicieron una buena propuesta y al final van a encarar el proyecto. También seguramente seguirán vinculados al TC, además de incursionar en TC Mouras. Lo importante es que quedaron ubicados.

EL BALANCE 2010

-¿Qué conclusiones sacás de la temporada pasada?

-Fue un año bueno, distinto. No fue malo, porque siempre estuvimos bastante bien. Me calenté bastante y mucho más por el funcionamiento del auto. Pero más que nada porque yo veía que se hacían un montón de cosas y el auto no mejoraba nunca. En ese sentido, tuvimos varios “tiroteos” con (Johnny) Laborito. Él me decía que el motor andaba y yo lo contrariaba. Al final, terminamos resolviendo los problemas. Pero, en definitiva, fue un año de discusiones, de idas y venidas. No fue un año tranquilo. Más bien de rosca, ja.

-En el inicio mostraste un muy buen nivel, pero después de tu primera victoria -en la tercera fecha en Buenos Aires- sufriste un pequeño bajón. ¿La merma en el motor fue uno de los motivos principales?

-El motor no respondió en varias carreras. Hasta la cuarta fecha anduvo muy bien y el chasis bastante bien. Pero de ahí en adelante, el motor decayó su funcionamiento en cuatro o cinco carreras. Después empezó a andar otra vez, pero ya habíamos perdido el chasis. Por lo tanto, cuando el motor se recuperó ya no teníamos chasis. No avanzamos lo que teníamos que avanzar porque el chasis fue un desastre.

-Sin embargo, por lo hecho en la fase regular eras uno de los favoritos al iniciarse la Copa de Oro. ¿Vos como lo viste?

-No, yo no lo vi así. En Trelew, la primera fecha de la Copa de Oro, lo creí un poquito porque estuve más adelante. Llegué quinto en la carrera y estuvimos bastante adelante en la clasificación. Pero de ahí en más, otra vez a renegar… Bah, no sé si renegar. Pero estaba como resignado por cómo iba el auto.

-Por ejemplo, ¿en Paraná llegaste resignado?

-Y, ése es un circuito que siempre me gustó. Pero más allá de eso tenía la esperanza de que el auto funcionara bien. Y quedamos en el 11º puesto, mientras que todos los del playoff se ubicaron adelante. No teníamos ninguna chance, definitivamente.

-¿Hubo algo puntual que se hizo mal en el equipo para que vos no puedas estar de firme en la pelea y Ortelli completara su peor campaña en la categoría?

-El JP tuvo algunos subes y bajas que fueron complicando. La desvinculación de Canapino, sus idas y vueltas con el TC 2000, la reestructuración, el cambio de taller... Indudablemente, las cosas no se hicieron como correspondían porque Guillermo y yo tendríamos que haber peleado el campeonato. Pero mi caso fue diferente, porque el auto lo atendía Alifraco y el de Guillermo estaba bajo responsabilidad de Canapino hasta el comienzo del playoff. Entonces es como que en mi resultado el equipo no tuvo que ver. El JP hizo todo lo que tenía que hacer.