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Simplemente, el Toro Mouras

A 20 años del accidente en Lobos del ídolo de todos los teceístas, un texto para la emoción con un repaso de la vida y obra de Roberto José Mouras, escrito por la joven periodista Carolina Gómez Diorio.

ACTC.org.ar · 22/11/2012TC

Se convirtió en la imagen misma del Turismo Carretera, se ganó el respeto de sus adversarios y de los hinchas rivales. Él sabía lo que quería, él vivió y luchó por lo que quería, el vivió por lo que amaba, él murió por la razón que vivía. Él fue y será, por siempre, un ídolo indiscutido, él fue Roberto el “Toro” Mouras.

Haciendo honor a su apodo vivió siendo un Toro, siempre yendo para adelante, desde que debutó en Turismo Carretera, el 30 de agosto de 1970, en Chivilcoy, hasta que paró definitivamente en boxes el 22 de noviembre de 1992.

Es dueño de un récord inigualable junto al 7 de Oro, esa Chevy que le dio seis victorias consecutivas en 1976 y que al día de hoy nadie pudo igualar. En 1979 cerró su primera etapa en la marca del moño subiéndose a una Dodge y consiguiendo el tricampeonato de 1983, 84 y 85, pero el amor es más fuerte que cualquier trofeo, victoria o récord y en 1986 decidió volver a la marca que lo hacía sentir orgulloso de ser él, ese año resolvió sentarse una vez más en la butaca de un “Chivo”.

Sin embargo, pese a su pasión, siguió sin darle un campeonato a la “15” aunque eso jamás importó porque los ídolos no se hacen ganando carreras sino corriendo como lo hacía él, dejándolo todo en pista, arriesgando cada centésima y exponiéndose por completo en cada competencia para defender su honor y el de toda esa hinchada que lo amaba.

El 22 de noviembre de 1992 en Lobos, Mouras llevaba la punta de la competencia, pero la desgracia se cruzó en la ruta y desvío el auto número nueve contra un talud de tierra, allí perdió la vida. Ese día el silencio se apoderó de todo y encubrió los sinfónicos motores, no había forma alguna de expresar el dolor que se metía por las venas del Turismo Carretera, más que un ensordecedor aplauso que rendía homenaje al ídolo y que le brindaba un último saludo, el de la despedida.

La ruta 205 se llevó al hombre serio, al buen tipo, al introvertido y enemigo de las declaraciones, al que en secreto ayudaba a los chicos con necesidades, a quien no buscaba publicidad sino respeto y pasión, aquel camino se llevó a quien todos querían y admiraban, ya nadie podría retribuir el cariño que la hinchada demostraba con banderas, gritos y manos agitadas, porque ya nadie haría que la “15” volviera a sentir ese amor. Ganó cada batalla que se le presentó y, como un niño que no conocía el final de la historia, nada lo asustaba. Se expuso con valor, creció en cada competencia, se transformó en un ídolo, porque él se arriesgó por un sueño, no tuvo miedo y por él murió.

Fue guía de una pasión, un referente a seguir, forjó las ganas de ir hacia delante, creó la ilusión del todo posible, instauró el sueño de un Turismo Carretera cada vez mejor y ayudó a alcanzarlo desde lo que quedó hecho en tierra y lo que dejó al irse. Fue simplemente Mouras y mucho más que un ídolo, es un recuerdo inolvidable de esos que vale la pena recordar y que siempre resucitan en la memoria. 20 años después está el sentimiento latente de que él corría más que con el corazón. Ese domingo al mediodía los relojes se pararon y el tiempo se congeló, se detuvieron los rostros y los corazones, pero no las lágrimas, la de esa gente que como decía él, es la que elige, esa misma que lo eligió para siempre.

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